Carta al Señor Tiempo
Medellín, Julio 21 de 2008
Señor Tiempo, es usted un forjador de milagros y suicidios, es el maquinista que mueve el mundo. Es usted la ilusión más grande de la historia del hombre; es la única ilusión que ha sido unificada y convertida en verdad universal y todo se mueve bajo su caprichoso ritmo desenfrenado. Un corazón late por cada segundo que se pierde en la inmensidad de la nada, miles de corazones estallan esperando que usted, en su orgullo, les conceda aquello que tanto buscan y que de las piedras no ha podido salir; todos se doblegan ante sus cruentos mandatos mojando las ganas en lágrimas de desesperación y fanatismo mientras el minutero avanza despiadadamente por caminos pedregosos de hechizos malogrados convocados por aquellos que en ataques de cuerdas locuras han intentado socavar su poder de exterminio. Hechizos que rayan con una razón absurda moldeada por hombres al fuego de la desesperanza, el dolor y al final un elixir volátil, venenoso.
Le escribo para darle a conocer todo lo que pienso sobre usted, consciente de que seguirá igual de mezquino y lento como se me hace a mi esta existencia maravillosa pero incompleta porque dentro de sus tiránicas órdenes no esta contemplado este simple mortal que ruega día y noche por ver cumplido su gran sueño. No es necesario hablar de ello debido a que usted lo conoce perfectamente; no me susurre que no porque es falso; cuántas noches no he lanzado al viento las humanas palabras esperando algún indicio de respuesta, sin importar que sea negativa, solo con ganas de saber esa respuesta para poder dar un paso más o terminar con este caminar en tinieblas por el que he ido los últimos meses. Usted señor tiempo es un hábil malabarista que juego con los hombres a sus anchas, los dibuja, los pinta, los emborrona, los mancha, los tacha; un ilusionista que emboba las débiles mentes rellenándolas de causas perdidas o absurdas.
Por lo anterior le pido humildemente como esclavo de sus trasiegos que me dé una tregua, así sea de una semana o tres días quizá son suficientes pero por favor esta vez téngame presente, es que en su trono eterno es difícil darse cuenta de lo duro que es esa agonía permanente. Seré sincero, no creo que me haga caso al fin de cuentas soy igual que tantos pero por lo menos acelere un poquito señor tiempo a ver si por lo menos son menos corazones que estallan y mas almas que viven y gozan.
Con todo respeto,
Camilo Vásquez M.


merce-hola dijo
Bonita carta :-)
17 Enero 2009 | 05:39 PM