Soy esa vagabunda nocturna que surca los cielos de los enamorados mientras de su balcón salen suspiros de amor que llegan hasta mi regazo y los arrullo. Pero entre todos esos enamorados estás tú con ojos oscuros y profundos como mi entorno, iluminados únicamente por ese resplandor que no es mío pero que es tan natural…
Que ironías las del universo, soy la confidente de los amores y desamores pero no soy capaz de atraer tu corazón y fundirlo con el mío en un único palpitar. Estoy triste, pero es normal, soy la melancolía eterna. Escucho en este momento a un violinista que invoca al dios Apolo con sus bellas notas y me entra el frío y mi alma se silencia; ¿qué pensar?
Sigo vagando en la noche fría mientras el sol intenta darme alcance y tendrán que pasar largas horas para poder volver a sentir tu aliento, a explorar en tu profundo misterio, para amarte un poco más. Sí, te amo y mucho más de lo que piensas aunque conozco tus pensamientos y no estoy dentro de ellos, está esa joven de largo pelo negro y de tez lívida que roza tu interior, lo hace arder; sientes como quema lo que el resto de los mortales llaman amor, sientes lo que siento yo por ti, sientes y te mueres en el sentir… seguiré acá colgada por el resto de la eternidad, han pasado siglos enteros y amores potentes pero ninguno como tú.
Ya el alba roza mis dominios, para fortuna mía has vuelto a pasar la noche en vela y te he podido observar con cuidado, grabando cada detalle de tu rostro para que cuando se esparza tu rastro te pueda seguir contemplando cómo lo he hecho durante tantos meses. Me voy ya, el sol me pisa la estela y debo iluminar el otro lado del mundo mientras sigues llorando amargamente por esa mujer que solo te ofrece displicencia y mal carácter. Hasta la próxima noche amore mio

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