El Lamento Del Mar
Mírame, acá estoy contra la brisa mientras esta me difumina la tristeza… sí, estoy triste y mucho; ¿por qué? Porque las cosas han cambiado, el mundo ya no es igual, todo ha acabado y la alegría se ha refugiado en profundos abismos aunque todos la busquen en la materia. Pero no hablemos de mi, solo soy algo pasajero, constante pero pasajero.
Cuéntame de ti, eres muy hermosa, ¿cómo te llamas? Helena, bello nombre, perfecto para ti, pero ¿qué te pasa? Te he visto recorrer la playa todas estas tardes en silencio, piensas y piensas, pero en qué, tus lágrimas han caído en mi, son saladas, abrumadoras, amargas, solas como tú; me has dejado pensando mucho, no me gusta verte así, te desfigura el rostro tanta pena, hazme conocedor de tu dolor quizá pueda ayudarte; se tanto, ¿por qué? Porque muchos viene acá y en el crepúsculo lanzan sus penas sin más esperando que yo las resuelva o por lo menos les ayude a olvidar, sí, no eres la única. Aunque tú has llamado mi atención, eres muy bella, oh por favor no llores de nuevo, te quiero ver alegre. Claro que tu pena tiene arreglo, no te vas a morir. Mejor olvidémonos de todo y ven a nadar, juguemos, pasémosla bien un rato, de pronto olvidas aquello que te martilla el alma.
Me gustas, eres maravillosa y sé que también te gusto pero conozco mi situación, pasamos bueno un rato pero no más, tú volverás a tu casa, a tu ciudad y yo me quedaré acá, como siempre. Otra vez estoy triste, me ilusiono rápidamente y no me despego con facilidad. ¿Volverás? Eso dicen todos pero jamás cumplen, solo regresan lo que son planos y no me ofrecen nada, muy diferentes a ti. Ve tranquila, al fin de cuentas sería antinatural que estuviéramos juntos, serías una sirena y ellas solo existen en los cuentos y en la imaginación; esa es la maldición del mar. Seguiré aquí lamiendo la arena y esperando tu regreso mientras subo y bajo con el perenne cambiar de la luna, aquella amiga que está ahí siempre, silenciosa para escuchar mi rumor, pero demasiado fría para ayudarme. Llévate esta concha que pongo a tus pies para que cada vez que estés triste háblale y reconoceré tu voz entre las miles que escucho diariamente, póntela en tu oído y escucharás las palabras que tengo para ti. No te angusties si escuchas un lamento, será porque aquella noche he recordado tu encanto y me ha removido el cieno como lo ha hecho en este bello atardecer. Adiós.

Juan Carlos Benavente dijo
Hola amigo, gracias por tu comentario pero lo mío fue un sueño y lo tuyo parece más una vivencia. Bellos sentimientos que compartes, gracias por agregarme...Espero leer más de tí...Saludos desde Lima, Perú...Juanca
15 Enero 2008 | 01:14 AM